miércoles, 17 de noviembre de 2021

HÉRCULES Y EL PORTAL DE GÉMINIS

LAS MANZANAS, LAS HESPÉRIDES, NO RENDIRSE, SER BUENO.




 


El Maestro ordena que cuiden el árbol sagrado. Que Hércules debe desarrollar el poder de buscar sin desmayo, exigirle ahora perseverancia. Ha cumplido bien hasta ahora, en esto va a consistir el trabajo.

Lejos, en una región distante, crecía el árbol sagrado, el árbol de la sabiduría, y en él crecían las manzanas de oro de las Hespérides. Hércules sabía de su existencia y cuando salió la orden de buscarlas buscó al Maestro, preguntándole el camino para ir y encontrar el árbol sagrado y recoger las manzanas.

"No es así, hijo mío”, replicó el Maestro, el camino es largo. Recuerda que el árbol sagrado está bien custodiado. Tres hermosas doncellas aprecian el árbol protegiendo bien su fruto.

Y anduvo por toda la tierra buscando el árbol sagrado, pero no lo encontró. Al principio soñó con un éxito rápido, pero Anteo, la serpiente, le encontró en ese camino y luchó con él, venciéndole en todas las ocasiones.

"Ella custodia el árbol”, dijo Hércules, "esto se me dijo; el árbol debe estar muy cerca de ella, debo acabar con su guardián y así, destruyéndolo, abatir el árbol y coger el fruto". Sin embargo, a pesar de luchar con mucha fuerza, no triunfó.

Luchando nuevamente con todo su poder, asió la serpiente con ambas manos, elevándola en el aire y alejándole del suelo. ¡He aquí la hazaña fue hecha!: Anteo, vencido, dijo: "Yo vengo otra vez con diferente apariencia en el octavo portal.

Entonces, se encontró con Busiris, el gran engañador, hijo de las aguas, pariente cercano de Poseidón. Su trabajo es conducir a los hijos de los hombres al error, a través de palabras de aparente sabiduría.





 

Su fuerza se agotó. Él amó, adoró a Busiris, y aceptó todo lo que éste dijo. Su debilidad crecía día tras día, hasta que llegó un día en que su amado maestro le amarró a un altar y lo mantuvo atado durante un año.

Un día, recordó las palabras de Nereo, que le dijo que la fuerza estaba en Él , que tenía un poder y una fuerza que es la herencia de todos los hombres, la fuerza de los hijos de Dios, entonces, rompió sus ataduras, asió al falso maestro y lo ató al altar en su lugar. Siguió con su tarea.




En su camino encontró a Prometeo encadenado a una roca, sufriendo horribles agonías de dolor, causado por los buitres que picoteaban su hígado, matándolo así poco a poco. Él rompió la cadena que le sujetaba y liberó a Prometeo, persiguiendo a los buitres hasta su distante guarida y cuidando del hombre enfermo hasta que se hubo recuperado de sus heridas. Entonces, con mucha pérdida de tiempo, nuevamente comenzó a ponerse en camino.

Siguió hacia las altas montañas del este y en brillante y soleado día, vio el objeto de su búsqueda y apresuró entonces sus pasos. "Ahora tocaré el árbol sagrado", gritó en su alegría, "venceré al dragón que le custodia; veré las hermosas doncellas de grande fama, y cogeré las manzanas".

Pero, nuevamente, fue retenido por sentimiento de profunda pena. Atlas le hacía frente, tambaleante bajo la carga de los mundos sobre su espalda. Su rostro estaba marcado por el sufrimiento; sus miembros curvados por el dolor; sus ojos cerrados por la agonía; él no pedía ayuda; no vio a Hércules sino que permaneció encorvado por el dolor, por el peso de los mundos. Hércules, temblando, observó y estimó la medida de la carga y el dolor. Olvidó su búsqueda. El árbol sagrado y las manzanas desaparecieron de su mente; solo buscó ayuda al gigante, y eso sin tardanza; se arrojó hacia adelante y ansiosamente quitó la carga de los hombros de su hermano levantándola sobre su propia espalda, echándose a los hombros la carga de los mundos. Cerró sus ojos, asegurándose con esfuerzo, y ¡he aquí! la carga rodó, y él se halló libre, y también Atlas.



Delante de él estaba parado el gigante y en su mano sostenía las manzanas de oro, ofreciéndolas, con amor, a Hércules. La búsqueda había terminado.

Las tres hermanas sostenían aún más manzanas de oro, y lo instaban también a recibirlas en sus manos, y Eglé, esa hermosa doncella que es la gloria del sol poniente, le dijo, poniendo una manzana en su mano, "El Camino hacia nosotras está siempre marcado por el servicio. Actos de amor son hitos en el Camino".

Entonces se paró ante el Maestro y rindió debida cuenta de todo lo que había acontecido. El Maestro le expresó su regocijo y luego, señalando con el dedo, indicó el cuarto Portal y le dijo: "Pasa a través de ese Portal. Captura la gama y entra una vez más en el Lugar Sagrado".

En China se habla de Cástor y Pólux, que son las estrellas de la Constelación de Géminis, como de los dos "dioses de la puerta", mostrando el tremendo poder que el dios de la materia puede asumir, y también la potencia de la divinidad.

Las tres constelaciones que se encuentran en conexión con el signo son Lepus, la liebre, el Can Mayor y el Can Menor, y en su interrelación y su asociación de éstas con Hércules, el aspirante, la historia completa del ser humano, estaba de nuevo notablemente descrita.

 

 


martes, 16 de noviembre de 2021

HÉRCULES Y EL PORTAL DE TAURO


EL SEGUNDO PORTAL, HÉRCULES EJECUTA SU SEGUNDA TAREA






 EL TORO DE CRETA

El segundo Portal estaba abierto de par en par, y desde la luz que velaba la escena distante, una voz emergió y dijo: “Pasa a través del Portal. Sigue tu camino. Realiza tu trabajo y vuelve a mí, informándome sobre el hecho".

Solo y triste, consciente de la necesidad y consumido por profunda pena por la muerte de su amigo,  Hércules pasó lentamente entre los pilares del Portal a la luz que brillaba donde estaban los toros sagrados, esa luz es Aldebarán, el ojo del toro. En el horizonte se levantaba la hermosa isla donde moraba el toro, y donde hombres arrojados podrían entrar en ese vasto laberinto que los atraía hasta el aturdimiento, el laberinto de Minos, Rey de Creta, el guardián del toro.




Cruzando el océano hacia la soleada isla (aunque no se nos dice cómo) Hércules emprendió su tarea de buscar y encontrar al toro, y conducirlo al Lugar Sagrado donde moran los hombres de un solo ojo. De un lugar a otro persiguió al toro, guiado por la fulgurante estrella que brillaba sobre la frente del toro, una brillante lámpara en un sitio oscuro. Esta luz, moviéndose a medida que el toro se movía, lo conducía de un lugar a otro. Solo, buscaba al toro; solo lo perseguía hasta la guarida; solo lo capturó y montó sobre su lomo. Montar al toro, controlar sus instintos básicos.  A su alrededor permanecían las Siete Hermanas, Las Pléyades, estimulándole en su camino y, en la resplandeciente luz, él conducía al toro a través de la brillante agua hacia la isla de Creta sobre la tierra donde moraban los tres Cíclopes. 


Las Pléyades acompañan a Tauro, son las palomas de Afrodita.


Estos tres grandes hijos de Dios esperaban su regreso, vigilando su progreso a través de las olas. Él condujo al toro como si éste fuera un caballo, y con las Hermanas cantando a medida que marchaba, lo acercó a la tierra.

Hércules se acercó, empujando al toro sagrado sobre el camino, arrojando la luz sobre el sendero que conducía de Creta al Templo del Señor, dentro de la ciudad de los hombres de un solo ojo. Sobre la tierra firme, a la orilla del agua, estos tres se pararon y se apoderaron del toro, quitándoselo así a Hércules.

 El Maestro lo vio venir y salió a su encuentro en el Camino. A través de las aguas llegaban las voces de las Siete Hermanas, cantando alrededor del toro, y más cerca aún el cántico de los hombres de un solo ojo dentro del Templo del Señor, en lo alto del Lugar Sagrado.

"Viniste con las manos vacías, oh, Hércules", dijo el Maestro.

"Tengo estas manos vacías, porque he cumplido la tarea a la cual fui asignado. El toro sagrado está a salvo, en lugar seguro con los Tres. ¿Y ahora qué?”

"Dentro de la luz tu verás luz; camina en esa luz y allí ve la luz. Tu luz debe resplandecer más brillante. El toro está en el Lugar Sagrado".

Y Hércules se tendió sobre la hierba y descansó de su trabajo. Luego el Maestro se volvió hacia Hércules y dijo: "El segundo trabajo está cumplido, y la tarea fue fácil. Aprende de esta tarea la lección de la proporción. Fuerza para realizar la ardua tarea; buena voluntad para hacer la tarea que no somete a esfuerzo tus poderes; así son las dos lecciones aprendidas. Levántate pronto y busca la región, guardada por el tercer Portal, y encuentra las manzanas de oro. Tráemelas aquí.

 

 




lunes, 15 de noviembre de 2021

LA CONSTELACIÓN DE PERSEO


LA FUENTE DE LAS PERSEIDAS







Mirfak es circumpolar, nunca se pone bajo el horizonte. Se encuentra en un cúmulo estelar conocido como el Cúmulo Alpha Persei, que se puede ver fácilmente con los binoculares.

Alpha Persei es una estrella supergigante. Es la estrella más brillante de la constelación de Perseo y una de las estrellas más brillantes del cielo.

El descubrimiento de la naturaleza binaria de Algol y una mirada más cercana a sus componentes sacudió una de las creencias fundamentales en la evolución estelar, que dice que las tasas de evolución de las estrellas dependen de su masa. El sistema Algol emite rayos X y destellos de ondas de radio. Se cree que los rayos X son el resultado de los campos magnéticos de los dos componentes que interactúan con la transferencia de masa, y se sospecha que las ondas de radio fueron creadas por ciclos magnéticos y el resultado de los campos magnéticos de las estrellas es hasta diez veces más fuerte que el del sol.El nombre de la estrella se deriva de la frase árabe ra 's al-ghul (sí, al igual que el supervillano en los cómics de Batman), que significa “la cabeza del demonio”. Se asoció con un ghoul en la tradición árabe y con el jefe de la Gorgona Medusa en la mitología griega. En la tradición hebrea también se la conocía como la Cabeza de Satanás, o Rōsh ha Sāṭān. El nombre latino de la estrella en el siglo XVI era Caput Larvae, o la Cabeza del Spectre. Los chinos lo conocían como la Quinta Estrella del Mausoleo, o Tseih She, que significa cadáveres apilados.

 

 


jueves, 11 de noviembre de 2021

HÉRCULES Y ARIES. EL PRIMER TRABAJO



                                                LAS YEGUAS DE DIÓMEDES



 

El primer gran Portal estaba abierto de par en par. Es el portal de Aries.

 El hijo de Marte,  Diomedes,  gobernaba en la tierra más allá del Portal.

 Él criaba yeguas y caballos salvajes para la guerra; pero eran tan salvajes que tenían aterrorizados a todos los hombres que vivían en la zona.

 No solo lo destrozaban todo sino que también los mataban y según algunos, se los comían.

La misión de Hércules era capturar a  las yeguas y detener estos actos malvados.

Hércules buscó a su amigo Abderis y le pidió ayuda. Este amigo era amado profundamente por él,  enfrentaron la tarea juntos,  arrinconaron a estas yeguas salvajes en un campo y las  atrapó;   las maniató para que no pudiesen escapar.

 Estaba muy contento de haber conseguido realizar la tarea encomendada y bastante engreído; estaba tan orgulloso que consideró que la tarea de agarrarlas y conducirlas hasta Diómedes era indigna para él,  entonces se la encomendó a su amigo Abderis y le dijo: “ Abderis,  ven acá y conduce las yeguas a través del Portal”.




Volvió la espalda y muy orgulloso, marchó hacia adelante muy engreído, pero no pensó más que en su victoria personal y olvidó que Abderis era débil, que no era como él.

 Abderis no pudo retener las yeguas ni ponerle los arneses,  ni mucho menos conducirles a través del Portal; entonces se volvieron contra él,  le desgarraron y pisotearon en el suelo. Abderis murió y las yeguas escaparon a las tierras de Diomedes.

Hércules estaba desconsolado ante la muerte de su amigo y bastante desanimado. Entonces, con humildad y prudencia volvió a la tarea.

Tuvo que buscar de nuevo a las yeguas y atraparlas;  esta vez las condujo él mismo a través del Portal. Abderis yacía muerto.

Se presentó ante el maestro y examinó la tarea que había realizado y le dijo:

 “ El primer trabajo está terminado,  la tarea está hecha, pero mal hecha”.

 Abderis yace muerto.

“ Aprende la lección de esta tarea y luego pasa a otro servicio,  pasa al segundo Portal”.


martes, 9 de noviembre de 2021

LA RUEDA DEL ZODÍACO. HÉRCULES Y EL SENDERO.

AHORA, SABEMOS EL POR QUÉ.


 

Y aquel que rige el Universo, mira y observa los hombres, qué son los hijos de Dios.

 Él ve su luz y cómo van recorriendo en círculo a través de los doce grandes portales y cómo se van abriendo y cerrando. su luz es poco clara al principio porque aprenden lentamente. Su tendencia es egoísta en sus aspiraciones y suelen ser muy oscuros sus actos.

 La verdad la comprenden lentamente, pero deben purificarse de su naturaleza para seguir recorriendo el sendero y superar todas las pruebas. El gran anciano observaba el girar de la rueda y uno de los hombres llamaba su atención constantemente,  y preguntó: ¿ quién es aquel cuya luz puede ser vista desde aquí, entre tanta oscuridad?

Y llegó la respuesta: “Es el alma que,  en el sendero de la vida experimenta y busca la clara luz de la inteligencia, es un alma que lucha”.

Pues dile de mi parte que viaje alrededor del círculo y que, a través del mismo, encontrará lo que busca.

Vigila sus pasos y cuando tenga un corazón comprensivo, una mente anhelante y una mano diestra,  ¡traédmela!.





Nuevamente pasaron los siglos. La gran rueda giró y, girando, llevó a todos los hijos de los hombres, que son los Hijos de Dios sobre su senda.

Ellos encontraron el sendero. Pasaron los Portales y se esforzaron hacia la cima de la montaña, y hacia el lugar de muerte y sacrificio. El Maestro vigilante vio un hombre emerger de esta multitud, subir a la Cruz fija pidiendo hazañas que cumplir, servicios que rendir a Dios y al hombre, y buena voluntad para recorrer el Sendero hacia Dios. Se paró delante del Gran Ser que Preside, el cual trabaja en el Concilio de la Cámara del Señor y oyó adelantarse una voz:

"Obedece al Maestro en el Sendero. Prepárate para las últimas pruebas. Pasa a través de cada Portal y en la esfera que ellos descubren y guardan, ejecuta el trabajo que convenga a su esfera. Aprende así la lección y empieza con amor a servir a los hombres de la tierra".

     Luego le llegó al Maestro la palabra final: “Prepara al candidato. Dale sus trabajos a realizar y coloca su nombre sobre las tablas de la Senda viviente". El tibetano.




      Trazaremos la historia de Hércules y su esfuerzo al emprender ciertas tareas de una naturaleza simbólica pasando por ciertos episodios y los logros que caracterizan al hombre que busca liberarse de esa cruz a la que está fijado. Él representa al encarnado, aún no perfeccionado Hijo de Dios, quien con determinación toma en sus manos la naturaleza inferior y voluntariamente la sujeta a la disciplina que producirá eventualmente el surgimiento de la divinidad.

Es un descarriado pero sinceramente fervoroso ser humano, conocedor inteligente del trabajo que tiene que cumplir.

    En este sendero, Hércules se somete a un proceso madurador, para que la flor del alma pueda expandirse rápidamente. La inevitabilidad de la perfección humana tiene su base en la voluntad para plasmar su huella en ese camino.

   Los misterios ocultos y las fuerzas latentes en los seres humanos, necesitan ser descubiertos y requieren ser utilizados de una manera divina y de acuerdo con un divino propósito, inteligentemente comprendido.




   Nuestro propósito es presentar un aspecto de la astrología distinto al que habitualmente se nos ha presentado. A medida que Hércules pasa por todos los signos del Zodíaco, expresa sus características, y en cada signo, logrará algún conocimiento nuevo de sí mismo, y a través de ese conocimiento demostrará el poder del signo y adquirirá los dones que él mismo concede. En cada uno de los signos lo encontraremos venciendo sus tendencias naturales, controlando y gobernando su destino, y demostrando el hecho de que las estrellas inclinan pero no controlan.

Cada uno de nosotros es un Hércules en embrión, y cada uno enfrenta idénticos trabajos; cada uno tiene la misma meta que lograr y el mismo círculo del zodíaco que abarcar. El trabajo a realizar tiene como objetivo principal, la eliminación de todo temor y el control de las fuerzas naturales de la naturaleza humana.

El hombre vive crucificado en la materia y las características de vivir bajo la regla de la materia son: el temor,  el individualismo, la rivalidad y la codicia.

 Los objetivos de competencia y egoísmo deben ser eliminados porque no forman parte de la confianza espiritual.

 Esta es la historia de nuestro sistema solar,  la historia de nuestro planeta y la historia del ser humano.

Cuando miramos hacia arriba los cielos estrellados, vemos la descripción de este gran drama, la historia de Hércules.




 Bibliografía: Los 12 Trabajos de Hércules, de Alice Bailey.


domingo, 14 de agosto de 2016

EL PEREGRINO

CUANDO EL HOMBRE ES LABERINTO






Esta vida es un laberinto. Para que la travesía sea segura, confía ciegamente en Dios, con verdadero amor y sin hipocresía.

" Nacemos por así decirlo provisionalmente en alguna parte. Poco a poco componemos en nosotros mismos el lugar de nuestro origen, para nacer allí después, y cada día más definitivamente". ( Rainer María Rilke ).

En el umbral del laberinto, el peregrino sabe perfectamente que comienza una búsqueda de si mismo y se dirige hacia su luz interior.
 
Un laberinto es un camino de danza escrito en el suelo. El peregrino verá que el laberinto de Chartres, como el de Amiens y, antes de su destrucción, el de Reims, no es realmente un laberinto, pues es imposible extraviarse en él. Un solo camino lleva al centro. Así sucede con todos los laberintos conocidos de las iglesias de Nuestra Señora. ( Charpentier).

Y el peregrino ha comprendido que el zodíaco es música, que el zodíaco es medida, que es su cuerpo, del que puede tomar la medida. Naciendo en un instante del tiempo y en un lugar del espacio, al mismo tiempo se encarna y se orienta. Implantado en un lugar preciso, el sol naciente proyectará una sombra que permitirá trazar la planta de la futura iglesia, su templo interior. ( Laurence Fritsch- Griffon ).

Sólo el fuego interior del peregrino le llevará hacia su objetivo. Pues el objetivo define el viaje, que tiene la magnitud del deseo del ser.


martes, 9 de agosto de 2016

ESCULAPIO, EL HIJO DE APOLO.

ASCLEPIO LE LLAMÓ SU PADRE. EL SANADOR.








Asclepio aprendió el arte de la curación tanto de su padre, Apolo , como de Quirón. Llegó a ser tan hábil en la cirugía y en el empleo de medicamentos que se le venera como el fundador de la medicina. no solo curaba a los enfermos, sino que además Atenea le dio dos redomas con sangre de la gorgona Medusa; con la extraída de las venas de su lado izquierdo podía resucitar a los muertos, con la extraída de su lado derecho podía matar instantáneamente.

Como todas las grandes deidades, Apolo es un dios asociado con muchos otros ámbitos además de la sanación, aunque su forma particular de sanar es inseparable de sus otras funciones y atributos. A menudo es entre los miembros de la generación siguiente, entre los hijos de los olímpicos, donde encontramos divinidades más especializadas. Así, es Esculapio, hijo de Apolo, el que destacará como el dios de la sanación. Su poder procede de su padre. Incluso en Epidauro, el lugar más identificado con Esculapio, su templo se levanta sobre las ruinas de un antiguo templo de Apolo. El santuario de Esculapio en el valle, benigno y pacífico, en la época clásica se dominaba con la vista desde un templo de Apolo levantado en la cima del monte. Mucho tiempo atrás Apolo, como Apolo Maleatus, había él mismo sanado a los enfermos visitándolos en sus sueños. Pero cuando Apolo se convierte en el Apolo de Delfos, tales visitas acaban resultando incongruentes. Ahora es otro dios, su hijo, el que realiza apariciones nocturnas.



La historia del nacimiento de Esculapio recoge muchas de sus características. Era el resultado de una aventura amorosa entre Apolo y una hermosa mortal llamada Coronis, nieta de Ares, dios de la guerra, y hermana de Ixión, el primer asesino humano. La genealogía une de nuevo los temas de sanación y muerte. Según la versión más citada, cuando Coronis descubrió que estaba embarazada, decidió encontrar un mortal con el que poder casarse y legitimar a su hijo. Apolo, enojado porque una mujer prefiriese un marido humano a un amante divino, envió a Artemisa a matar a Coronis y sus damas de honor; él mismo mató al mozo. No queriendo que su hijo pereciera en esa matanza, Apolo, haciendo
de cirujano y comadrona, abrió las entrañas de su querida moribunda para rescatar al niño ya desarrollado, y de este modo nace Esculapio, salvado de la muerte para que pueda crecer y sanar a otros.
Esculapio fue cuidado por Quirón, el centauro sabio que también fue maestro de Jasón, Aquiles y Acteón. Los centauros, criaturas con cuerpo de caballo y hombros y cabeza de hombre, descendientes de Apolo o tal vez de Ixión, eran salvajes y temibles. Pero Quirón, cuya genealogía es distinta ya que, como Zeus y muchos olímpicos, es hijo de Cronos, era sabio y amable. En su caso, su naturaleza animal parecía aportarle una conexión con la sabiduría instintiva y una honda comprensión de la condición corporal, que resaltaba en sus dotes como cazador, escultor y sanador. A diferencia de los otros centauros, Quirón era inmortal. Pero durante la batalla de Hércules contra los centauros, Quirón fue herido por una flecha untada en la hiel venenosa de Hidra, a la que Hércules había matado mucho antes. Esta herida era profunda, dolorosa e incurable. De hecho, su dolor era tan persistente que Quirón acabó lamentando una inmortalidad de la que no podía escapar. Es como si los dones de sanación del centauro estuvieran vinculados a su propio destino. " El Espejo del Yo".





Quirón representa algo distinto: el sanador todavía herido. Esto sugiere que nuestras heridas no son algo que haya que dejar de lado, superar, esconder, sino una parte integral de nuestro ser. Ello no significa que estar herido sea la verdadera salud, sino que la aceptación de nuestras heridas forma parte de la verdadera salud, como lo es la aceptación de que algunas heridas sanan y otras no.

En varias ocasiones, quizá recordando la injusta muerte de su madre, Esculapio empleó la poción mágica para traer de nuevo a la vida héroes injustamente castigados por los dioses, héroes enviados prematuramente al Hades.
Zeus, enojado con Esculapio por la insolencia de transgredir la frontera entre la humanidad y los dioses, le golpeó con sus rayos y lo envió al Hades, para que, aun siendo dios, pudiera experimentar por sí mismo el destino de los mortales. De este modo, Esculapio es el único dios de la mitología griega que experimenta la muerte.
Así pues, para los griegos el dios de la sanación es el que conoce qué es morir.
Aunque su estancia en el Hades fue sólo temporal, y aunque pudo experimentar la mortalidad sin mermar su inmortalidad, la experiencia de Esculapio de ser vulnerable a la muerte hizo que a los griegos les pareciera un dios más amable benévolo que ningún otro.





Los griegos creían que cuando dormimos nuestra psique, que permanece quieta durante la vida diurna, se vuelve activa. La psique es lo que sueña y lo que perdura después de la muerte de nuestro cuerpo viviendo en el Hades. «Psique» representa el núcleo de nuestro ser individual, nuestra esencia personal, lo que se encontrará con el dios. La psique ve los sueños y los recibe; los sueños son enviados por el dios, son teofanías. En el ritual de Esculapio, la epifanía, la aparición del dios en un sueño, se consideraba el acontecimiento sanador. Su llegada señalaba la transición entre la enfermedad y el retorno a la salud. Toda cura era un acto divino, un misterio, que sólo podía suceder en la oscuridad. En Epidauro, a diferencia de Delfos, era el paciente el que tenía la visión sanadora, en vez del sacerdote o la sacerdotisa. La propia visión realizaba la cura; no había necesidad de interpretación o de una acción basada en lo que prescribía el sueño.

Después el paciente ofrecía una canción de alabanza agradeciendo lo que había recibido y sacrificaba un gallo al dios como muestra de que la luz había vencido a las tinieblas y la salud a la enfermedad. A pesar de su reconocimiento del poder decisivo de las divinidades del submundo, Esculapio sigue siendo un hijo de Apolo, dedicado a la vida de la soleada tierra y a la lucha -nunca definitivamente victoriosa-contra la muerte.