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domingo, 21 de septiembre de 2014

EL VIGOR SEXUAL DE HÉRCULES,

LAS ESPOSAS DE HÉRCULES Y SU DESCENDENCIA



El amor, pese a las numerosas hazañas realizadas por el héroe, ocupó intensamente el espíritu y el cuerpo de Hércules. Tuvo muchas mujeres y gran número de amantes. Las más conocidas son Megara, Onfalia, Augea, Deyanira y la joven Hebe, con la cual se casó en el cielo, sin olvidar las cincuenta hijas de Tespio, a las cuales hizo madres en una noche.

 Cuando cumplió los dieciocho años, Hércules abandonó la hacienda de ganado. La primera hazaña de Hércules fue dar muerte al león del Citerón, que causaba estragos en los rebaños vacunos de Anfitrión y de  su vecino el rey Tespio. El león tenía otra guarida en el monte Helicón, al pie del cual se halla la ciudad de Tespias. El Helicón ha sido siempre una montaña alegre, los habitantes de Tespias celebran en su cumbre un antiguo festival en honor de las Musas y realizan juegos amorosos a sus pies, alrededor de la estatua de Eros, su patrono, según Apolodoro y Pausanias.

El rey Tespio tenía cincuenta hijas. Temiendo que pudieran contraer matrimonios inapropiados y que su descendencia y linaje podía perder vigor, decidió que cada una de sus hijas tuviera un hijo con Hércules, que se dedicaba todo el día a la caza del león, pues Hércules se alojó en Tespias durante cincuenta noches seguidas. Él le dijo a Hércules que podía tener a su hija mayor, Pocris como su compañera de lecho, como muestra de su hospitalidad. Pero, cada noche le visitaba una de sus hijas, hasta cincuenta noches. Algunos cuentan que con todas menos con una, que se mantuvo virgen porque así lo deseaba. Otros dicen que disfrutó de todas en una sola noche. Así que, Hércules engendró a cincuenta y un hijos en Tespias. La primera hija de Tespias,  y la última, tuvieron mellizos y todos ellos eran varones.


Hércules, en premio de su distinguida actuación, en su segundo trabajo, recibe de Creonte, la mano de su hija mayor, Mégara, de quien tiene tres hijos, llamados Terímaco, Creontiades y Deicoonte.

Cuando Heracles volvió a Tebas una vez terminados sus trabajos, dio a Megara, su esposa, que entonces tenía treinta y tres años , en matrimonio a su sobrino y auriga Yolao, que tenía sólo dieciséis, haciendo la observación de que su unión con ella había sido desafortunada. Luego, busco una esposa más joven y habiéndose enterado de que su amigo Éurito había ofrecido casar a su hija Yole con el arquero que pudiera disparar sus flechas a mayor distancia que él, se encaminó hacia Ecalia y le resultó facil vencer esta prueba, pero cuando se Éurito se enteró de que Hércules había repudiado a Megara después de asesinar a sus hijos, se negó a concederle la mano de Yole y le expulsó de su palacio, después de echarle en cara que era esclavo de Euristeo.
Hércules, después de ésto, juró vengarse de él. El hijo mayor de Éurito, no estuvo de acuerdo con la decisión de su padre de no cumplir su promesa, pero encontrándose con Hércules debido a un tema de sospecha de robo, le acusaba a Hércules del mismo. 
Después de un gran banquete en que Ífitos era su huésped, lo llevó a la torre más elevada del monte Tirinto y le dijo : " Mira a tu alrededor y dime si tus yeguas están paciendo por estos alrededores". " No las veo", contestó Ífitos . " Entonces, me has acusado falsamente de ser un ladrón", gritó Hércules, furioso, y lo arrojó desde lo alto de la torre.
 Hércules había cometido un crimen que no se perdona, asesinar a un huésped, y nadie lo quiso purificar y fue rechazado hasta en el Oráculo. Indignado, dijo que él mismo instauraría otro Oráculo, ofendiendo a Apolo, que indignado por esta acción luchó con Hércules hasta que Zeus los separó con un rayo que les lanzó, obligándoles a que se diesen la mano. Entonces el Oráculo le respondió a Hércules: 
"Para librarte de tu aflicción deber ser vendido como esclavo durante todo un año y el precio que obtengas debe ser entregado a los hijos de Ífito. Zeus está enojado porque has violado las leyes de la hospitalidad, cualquiera que haya sido la provocación".

Hércules fue llevado a Asia y ofrecido en venta como un esclavo anónimo por Hermes, patrón de todas las transacciones financieras importantes, quien después entregó el dinero de la compra, tres talentos de plata, a los huérfanos de Ífito. Como había predicho la Pitonisa, Hércules fue comprado por Ónfale u Onfalia, reina de Lidia, mujer que sabía hacer buenos negocios; y él le sirvió fielmente durante un año o tres, liberando el Asia Menor de los bandidos que la poblaban.

Entre los muchos trabajos secundarios que Hércules realizó durante su servidumbre figuró la captura de los dos Cercopes efesios que constantemente le impedían dormir. Eran dos hermanos mellizos y eran los tramposos y mentirosos que jamás había conocido la humanidad. Solían zumbar alrededor del lecho de Hércules como moscones, hasta que una noche los asió y los obligó a reasumir su forma natural y se los llevó colgando cabeza abajo de un palo que llevaba al hombro, hasta que se cansó y los dejó en libertad, porque le hacían reír.



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Ónfale había comprado a Hércules como un amante, más que como luchador. Él engendró con ella tres hijos. A Grecia llegaron noticias de que Hércules había desechado su piel de león y llevaba a cambio collares de joyas, brazaletes de oro, turbante femenino, manto de púrpura y ceñidor. Pasaba el tiempo rodeado de muchachas jonias, cardando lana o hilando. Ónfale le obligaba a contar sus hazañas y le reprendía cuando callaba y él no se avergonzaba. Los pintores han mostrado esta faceta en múltiples pinturas con atuendos femeninos, mientras Ónfale era la que portaba la piel de león y manejando su clava y su arco, como observamos en la pintura.



Hércules se casó con Deyanira, que era la hija de Dioniso con Altea y juntos tuvieron un hijo llamado Hilo y una hija llamada Macaría. Pronto debieron salir de Calidón, ya que, en otro ataque de furia, Hércules había aplastado a un muchacho. Emprendieron camino hacia el este hasta llegar a Trachis. En el río Eveno se encon­traron con el centauro Neso, que se ofreció a cruzar a Deyanira por un pequeño importe. Hércules, agradecido, le dio el dinero y tan pronto como lo tuvo en su poder huyó con su esposa e intentó violarla. Ella gritó y Hércules tomó su arco para abatir al centauro con sus flechas envenenadas. Mientras agonizaba le susurró a Deyanira sus últimas palabras, en las que le aconsejaba qué hacer si su marido perdía el interés por ella. Así tomó parte de la sangre de sus heridas, aceite de oliva y del semen de Neso e hizo una mezcla, como él le había indicado, para rociar con ella la vestimenta de Hércules si sospechaba de alguna relación adúltera. Con ello se aseguraría de que nunca más le sería infiel. Deyanira guardó un frasco con la sangre, aceite de oliva y el semen y lo puso a buen recaudo.

El odio del centauro Neso unido a los celos de Deyanira, fueron la causa de la muerte del héroe. Sabedora esta princesa de los nuevos amores de su esposo, le envió una túnica teñida con la sangre y el semen del centauro,con aceite de oliva,  creyendo que con ello impediría que amara a otras mujeres. Pero apenas se la puso el veneno del que estaba impregnada hizo sentir su funesto efecto, y penetrando a través de la piel, le impregnó hasta los huesos. En vano procuró arrancarla de sus espaldas; la túnica fatal estaba tan pegada a la piel que sus pedazos arrastraban tiras de carne.
Las más espantosas imprecaciones contra la perfidia de su esposa brotaron de los labios del héroe, y comprendiendo que se acercaba su última hora, constituyó una pira en el monte Oeta, extendió sobre ella su piel de león, y echándose encima mandó a Flictetes que prendiera fuego y cuidase sus cenizas.
En el mismo instante en que comenzó a arder la pira, se dice que cayó un rayo sobre ella para purificar lo que pudiera quedar de mortal en Hércules. Zeus lo subió al Olimpo y lo colocó entre los semidioses.
Tan pronto como prendió el fuego y las llamas cubrieron el cuerpo de Hércules, se vio un rayo tras el cual desapareció el héroe; su padre se lo había llevado al Olimpo en una nube y allí le fue concedida la inmortalidad. Hércules firmó la paz con Hera y eligió a la bella Hebe como compa­ñera para la eternidad. Resulta curioso que, según Homero, el alma de Hércules vagaba ya por el mundo de los muertos a pesar de su inmortalidad. Odiseo, que ha­bía conseguido información sobre cómo transcurriría su viaje de regreso a casa a través del Hades, se encontró con él allí.
El héroe inmortal viajó de nuevo a la Tierra con Hebe para ayudar a Yolao en defensa de sus hijos contra Euristeo. Se supone que se apareció a Filoctetes en forma divina para hacerle luchar con los griegos en Troya. Su arco jugaría un papel fundamental, pues con él se dio muerte a Paris, instigador de la guerra.

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