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viernes, 17 de octubre de 2014

SAGITARIO Y EL NOVENO PORTAL

LAS AVES DE ESTINFALIA, EL NOVENO TRABAJO DE HÉRCULES, DE ALICE BAILEY.





  Dentro del lugar de paz permanecía el Maestro, y habló a Hércules. "Oh, hijo de Dios que eres también un hijo de hombre”, dijo el Maestro, "ha llegado el tiempo de hollar otro camino. Tú te hallas ante el noveno Portal. Pasa por él y encuentra el pantano de Estinfale donde moran los pájaros que hacen estragos. Descubre, luego, el camino para hacerlos volar por mucho tiempo, de su segura morada".

Él se detuvo un momento. "La llama que brilla más allá de la mente revela la dirección segura”, agregó. "La tarea aguarda. Tú debes pasar ahora a través del noveno Portal".

Buscó por mucho tiempo hasta que llegó a Estinfale. Ante él se tendía el fétido pantano. Una multitud de pájaros graznaban roncamente, un coro amenazador y disonante, a medida que él se acercaba.

Mirando más de cerca vio los pájaros. Grandes y feroces y horribles eran. Cada uno tenía un pico de hierro, afilado como una espada. Las plumas también parecían como dardos de acero, y si caían, podrían partir en dos la cabeza de los fatigados viajeros. Sus garras igualaban a sus picos en agudeza y fuerza.
Hércules permanecía delante del pantano, y reflexionaba en cómo podría realizar la tarea asignada, cómo liberar al lugar de estas aves de rapiña.

Buscó muchos medios para encontrar una manera de lograrlo. Al principio trató de matarlos con un carcaj lleno de flechas. Los pocos que mató no eran sino una fracción de los muchos que quedaban. Se elevaban en nubes tan espesas que ocultaban el sol.

Pensó en colocar trampas dentro del pantano. Ni barca ni pies humanos podían atravesar la ciénaga.

Hércules se detuvo. Recordó entonces las palabras de consejo que se le habían dado. "La llama que brilla más allá de la mente revela la dirección segura". Reflexionando por un largo tiempo, se le ocurrió un método.

Él tenía dos címbalos, grandes y broncíneos, que emitían un agudo sonido sobrenatural; un sonido tan penetrante y desagradable que podía asustar a los muertos. Estos címbalos los hizo Vulcano, en su fragua.
Palas Atenea se los regaló. Para el mismo Hércules el sonido era tan intolerable, que se tapó ambos oídos con almohadillas.

A la hora del crepúsculo cuando la ciénaga estuvo repleta de innumerables pájaros. Hércules regresó. Golpeó, entonces, los platillos bruscamente una y otra vez. Un estruendo y un ruido tan estridente sobrevino entonces que él mismo apenas podía soportarlo. Tal disonancia agresora de los oídos no se había oído antes en Estinfale.
Aturdidos y perturbados por tan monstruoso ruido, las aves de presa se elevaron en el aire con las broncíneas alas aleteando salvajemente y chillando con ronco desaliento. Completamente perturbada, la vasta nube de pájaros huyó con frenética prisa, para nunca regresar. El silencio se difundió a través del pantano. Las horribles aves habían desaparecido. Se vio el delicado fulgor del sol poniente, mientras éste vacilaba en el paisaje que se iba oscureciendo.
Cuando Hércules regresó, el Maestro le saludó: "Las aves de rapiña han sido ahuyentadas. El trabajo está cumplido".



Sagitario ha sido a veces llamado "el signo del efecto de Escorpio". En el momento en que nos liberamos de la ilusión, en ese momento entramos en Sagitario y vemos la meta. Antes realmente no la hemos visto nunca, porque entre nosotros y la meta siempre se encuentra esa nube de formas de pensamientos que nos impide verla.

Sagitario es el signo preparatorio para Capricornio y es llamado en algunos libros antiguos "el signo del silencio”. En los misterios antiguos el hermano recientemente admitido tenía que sentarse en silencio, no le estaba permitido caminar ni hablar; tenía que estar, trabajar y observar, porque uno no puede entrar al quinto reino de la naturaleza, el reino espiritual, o trepar la montaña de Capricornio, hasta que no ha tenido restricción de la palabra y control del pensamiento. Esa es la lección de Sagitario: restricción de la palabra a través del control del pensamiento. Eso nos mantendrá ocupados, porque después que se han dejado de usar las formas ordinarias del lenguaje, tales como la murmuración, entonces se tiene que aprender a limitar el lenguaje acerca de las cosas espirituales. Se debe aprender que no hay que dar acerca de la vida del alma, muchas o abundantes explicaciones sobre cosas para las cuales la gente puede no estar lista todavía.

Yo sé lo que es justo para mí, y me esforzaré en vivir según mi justicia, mi idea de lo justo. Yo no sé lo que es justo para ti, pero te reconoceré el mérito de que actúas lo mejor que sabes. Si pudiéramos asumir esa actitud uno hacia el otro, el espíritu de inofensividad, de control del pensamiento y de sujeción del lenguaje, surgiría en el mundo y escaparíamos de nuestros problemas mundanos. El mundo nunca será enderezado combatiendo, sino por el pensamiento justo, y será un proceso del alma. Alguien ha dicho que en Escorpio tenemos el convencimiento del pecado; en Sagitario tenemos el convencimiento de lo justo.

Leemos que las ciénagas de Arcadía estaban llenas de aves devoradoras de hombres, descritas en libros antiguos como feroces cigüeñas, las aves de Estinfale. Ascendían a tres; tres pájaros más grandes, pero había muchos pequeños. Estaban devastando la región, pero no podrían ser vistos; estaban ocultos en el matorral, en la maleza, haciendo daño, pero no podían ser localizados.
Como de costumbre, Hércules se precipita hacia la tierra de Arcadia y toma la determinación de librar a la región de estas aves devoradoras de hombres.

Los pantanos son un símbolo de la mente con la añadidura de la emoción. Hércules descubre que aunque él pueda ser un aspirante y pueda haber triunfado en Escorpio, posee aún una naturaleza emocional, y encuentra que los pájaros de Estinfale, especialmente tres de ellos, son de una clase de devoradores de hombres y que él debe hacer algo acerca de eso.


Nosotros debemos lograr que los pájaros salgan de la ciénaga al aire puro donde podemos verlos y vencerlos.
Los pájaros que más daño hacían eran tres. En un libro están enumerados; la murmuración cruel; la plática del yo, la conversación egoísta; y arrojar margaritas a los cerdos. ¿Qué significa eso?
Se ha dicho que la murmuración es "el asesinato espiritual". ¿Necesito discutir la murmuración cruel cómo las vidas han sido arruinadas por ella? Hay una ley inquebrantable, si tú murmuras se murmurará de ti. Conseguimos lo que damos. Si tú das servicio, conseguirás servicio; si bondad, bondad; si amor, amor. Si la humanidad te maltrata, indágate a ti mismo y descubre en qué estás equivocado. Una escritura antigua dice, que toda enemistad cesa para aquel que es inofensivo. Yo sé que cuando logre la inofensividad en el pensamiento, palabra y obra, entonces no tendré problemas. El hecho de que tengamos problemas presupone nuestra ofensividad.
Hablando acerca de uno mismo, estamos ocupados siempre con nuestros propios problemas, nuestros propios asuntos. Arrojar margaritas a los cerdos: hablar acerca de inquietudes ocultas para la cuales no están preparados los oyentes.



Según Robert Graves, en Los Mitos Griegos, "este mito parece tener un significado histórico tanto como ritual. Al parecer, un colegio de sacerdotisas arcadias que adoraban a la triple diosa como Doncella, Novia y Anciana, se refugió en Estínfalo después de haber sido expulsadas del Barranco de los Lobos por invasores que adoraban a Zeus Lobuno; y Mnaseas ha explicado razonablemente la expulsión o matanza de las Aves Estinfálidas como la supresión de ese colegio de hechiceras por Heracles, es decir, por una tribu de aqueos. El nombre Estínfalo sugiere prácticas eróticas".
"Aunque Atenea sigue ayudando a Heracles, este trabajo no pertenece a la serie de tareas relacionadas con el matrimonio, sino que lo glorifica como curador que expulsa a los demonios de la fiebre, identificados con las aves del pantano.Son en realidad sirenas con patas de ave, personificaciones de la fiebre; y los címbalos o matracas, eran utilizados en la antiguedad para ahuyentar a los demonios de la fiebre. Artemisa era la diosa que tenía el poder de infligir o curar la fiebre con sus flechas misericordiosas".

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