viernes, 4 de diciembre de 2015

ARTEMISA GRIEGA, DIANA ROMANA

LA DUEÑA DE LAS BESTIAS, CAZADORA Y CASTA.




Artemisa, diosa bella, casta y virgen, arisca, orgullosa y cruel, era la hija predilecta de Zeus y hermana de Apolo, al que ayudó a nacer. Fue nombrada por las Parcas patrona de los partos, y que su madre Leto la parió sin dolores. Se la considera la diosa de la Naturaleza en estado puro y habita en los bosques.

La Artemisa de Éfeso era diferente de la diosa tradicional; en vez de negarse al amor, se ofrecía a él sin ataduras, y alimentaba, gracias a sus múltiples senos llenos de leche, a los hombres y a la Tierra.





En estos textos clásicos podemos hacernos una idea de la diosa Artemisa y a la vez, deleitarnos con su lectura:
Canto a la tumultuosa Ártemis, la de áureas saetas, la virgen venerable, cazadora de venados, diseminadora de dardos, la hermana carnal de Apolo el del arma de oro, la que por los montes umbríos y los picachos batidos por los vientos, deleitándose con la caza, tensa su arco todo él de oro, lanzando dardos que arrancan gemidos. Retiemblan las cumbres de los elevados montes y retumba terriblemente el bosque umbrío por el rugido de las fieras. Se estremece también la tierra y el mar pródigo en peces. Pero ella, que tiene un ardido corazón, se dirige de un lado a otro, arruinando la raza de las fieras.
Y cuando se ha complacido la diosa que ojea las fieras, la diseminadora de dardos, y ha deleitado su espíritu, tras aflojar su flexible arco, se dirige a la espaciosa morada de su hermano, Febo Apolo, el espléndido pueblo de Delfos, disponiendo allí el hermoso coro de las Musas y las Gracias.
Tras colgar allí su elástico arco y las saetas, dirige los coros, iniciando el canto con encantador aderezo sobre su cuerpo.
Y ellas, dejando oír una voz imperecedera, celebran a Leto, la de hermosos tobillos: cómo parió hijos, con mucho los mejores de los inmortales por su voluntad y sus hazañas.
¡Salve, hijos de Zeus y Leto, de hermosa cabellera, que yo me acordaré de vosotros en otro canto!




Ovidio, Metamorfosis III, 152-252

Había un valle consagrado a Diana, la de corto vestido, en cuyo más apartado rincón hay una gruta. A la derecha murmura un manantial de delgada y límpida corriente. Aquí solía la diosa de las selvas, cuando estaba fatigada de la caza, bañar en el cristalino líquido sus miembros virginales.
Cuando llegó allí, entregó a una de sus ninfas, que cuidaba sus armas, la jabalina, la aljaba y el arco destensado; otra recogió en los brazos el vestido que la diosa se ha quitado; otras dos le desatan el calzado; y, más diestra que aquellas, la Isménide Crócale reúne en un moño los cabellos que caían sueltos por el cuello de la diosa, bien que ella misma los llevaba flotantes.
Sacan el líquido Néfele, Híale y Ránide, así como Psécade y Fiale, y lo vierten de sus voluminosas urnas.
Y mientras allí se baña la Titania en sus aguas acostumbradas, he aquí que el nieto de Cadmo, errando a la ventura por un bosque que no conoce, llega a aquella espesura. Tan pronto como penetró en la fruta las ninfas, al ver un hombre, desnudas como estaban, se golpearon los pechos, llenaron de repentinos alaridos todo el bosque, y rodeando entre ellas a Diana la ocultaron con sus cuerpos;
pero la diosa es más alta que ellas y les saca a todas la cabeza. El color que suelen tener las nuebes cuando las hiere el sol de frente, o la aurora arrebolada, es el que tenía Diana al sentirse vista sin ropa. Aunque a su alrededor se apiñaba la multitud de sus compañeras, todavía se apartó ella a un lado, volvió atrás la cabeza, y como hubiera querido tener a mano sus flechas, echó mano a lo que tenía, el agua, regó con ella el rostro del hombre, y derramando sobre sus cabellos el líquido vengador, pronunció además estas palabras que anunciaban la inminente catástrofe:
“Ahora te está permitido contar que me has visto desnuda, si es que puedes contarlo”.

Y sin más amenazas, le pone en la cabeza que chorreaba unos cuernos de longevo ciervo, le prolonga el cuello, le hace terminar en punta por arriba sus orejas, cambia en pies sus manos, en largas patas sus brazos, y cubre su cuerpo de una piel moteada. Añade también un carácter miedoso; huye el héroe hijo de Autónoe, y en su misma carrera se asombra de verse tan veloz. Y cuando vio en el agua su cara y sus cuernos, “¡Desgraciado de mí!”, iba a decir, pero ninguna palabra salió; dio un gemido, y éste fue su lenguaje; unas lágrimas corrieron por un rostro que no era el suyo, y sólo su primitiva inteligencia le quedó.
¿Qué podría hacer? Mientras vacila, lo han visto los perros. Toda la jauría lo persigue, ansiosa de botín, por rocas y peñascos, por riscos inaccesibles, por donde el camino es difícil, por donde no existe camino. Huye él a través de parajes por los cuales muchas veces había él perseguido, ¡ay! Huye de sus propios servidores. Anhelaba gritar: “Yo soy Acteón, reconoced a vuestro dueño”. Pero las palabras no acuden a su deseo; atruenan al aire los ladridos. Por todas partes le acosan, y con los hocicos hundidos en su cuerpo despedazan a su dueño bajo la apariencia de un engañoso ciervo. Y dicen que no se sació la cólera de Diana, la de la aljaba, hasta que acabó aquella vida víctima de heridas innumerables.




martes, 12 de mayo de 2015

LA DANZA SAGRADA DE SALOMÓN.

Bajando los peldaños, lentamente, lentamente.






Cuando Balkis apareció así vestida, con el vestido de color amaranto sutil como
aire tejido, el rey Salomón se levantó de su trono. Y todas las mujeres se
volatilizaron y desaparecieron como el humo. Y solamente Balkis permaneció en
el centro de la gran tienda real. Y Salomón descendió lentamente el primer
peldaño del trono. Y su exaltación era el secreto de su pecho. Y dijo: «Oh
perfecta en tus miembros, a causa de la presencia de mi Dios, has de saber que
mi padre David danzó delante del Arca santa. En cuanto a mí, danzaré
alrededor de ti. Pues tu ser es tan sagrado como el Arca; y, más que ella, tu
cuerpo es la casa de los misterios de mi Dios». Después descendió el segundo
peldaño, y dijo: «Oh semejante a un capullo de flor, tú que tienes, en torno a la
oreja, el color de la rosa. Has de saber que es la ley de amor la que hace girar a
las esferas y hace, así, gravitar el amor en el espacio. Y cuando el viento de
amor viene a soplar sobre la tierra, los seres humanos danzan como los astros y
los muertos sacan la cabeza de las tumbas para danzar». Y cuando estuvo sobre
el tercer peldaño, dijo: «Oh tú cuyos cabellos de jacinto se enrollan en bucles
redondos como el fruto del avellano, has de saber que la embriaguez de amor
está en la base de la fe que place a mi Dios, y que la pasión es madre del éxtasis,
y el éxtasis, madre de la danza. Permite a tu amante danzar en torno a la amada.
Daré vueltas a tu alrededor, lentamente, lentamente, como la mariposa,
lentamente, lentamente, según el rito del amor, lentamente, lentamente».
Dijo esto, y acto seguido reinó una claridad de ensueño, como en una noche
lunar. Y descendieron las notas de una música sobre un diapasón tenue como un
cabello de cristal. Y, a los sones de esta música del infinito, el danzante sagrado
se extasió. Con los brazos extendidos, una palma girada hacia el cielo en el gesto
que recibe, y la otra vuelta hacia la tierra en el gesto que da, con la cabeza
inclinada sobre el hombro derecho como sobre una almohada de nube, con los
ojos cerrados, el rey Salomón danzó. Rostro del extramundo, cuerpo bogante en
un océano de éxtasis, sombra de un soplo parecía hacer girar sobe su eje, sin
ruido ni sacudidas, danzaba, y los pies ya no tocaban la tierra más que con la
punta de los dedos. Y parecía, con su vestido abierto y ondulante, la flor en su
cáliz, el pájaro en sus alas, el surtidor que no se separa completamente de su
madre. Y danzaba alrededor de la esposa con las pestañas bajas; y giraba así, de
izquierda a derecha, en el mismo sentido que las rondas solares. Y siete veces
giró, mientras la nota invariable de cristal, gota a gota acompañaba, en una
medida de cinco, y a contratiempo, un canto sufí.
Y cuando hubo girado de este modo siete veces, el danzante sagrado, llegando
justo delante de la esposa, se detuvo bruscamente. Y sus brazos estaban ahora
cruzados sobre su pecho, con las manos sobre los hombros. Y su vestido había
caído en espiral alrededor de sus piernas tranquilas. Y se inclinó profundamente
ante Balkis, y luego a su izquierda, y luego a su derecha. Y, andando hacia atrás,
se apartó. Y, poco a poco, volvió a subir a su trono. Y de este modo se efectuó el
rito solar del éxtasis del amor.

LA REINA DE SABA VISITA A SALOMÓN.

EN ETIOPÍA LA LLAMAN MAKEDA.




«Hubo una vez un rey que gobernaba un reino llamado Etiopía, que se
extendía sobre todas las regiones africanas comprendidas entre Egipto y
el océano Índico, así como sobre Saba al otro lado del Mar Rojo. Creía
en un único Dios y estaba descontento de ver a su pueblo ofrecer
sacrificios a una multitud de dioses, el más horrible de los cuales era una
enorme serpiente que devoraba a los hombres. Un día, con la ayuda de
un sabio que había instruido al rey sobre el monoteísmo, hizo ingerir un
veneno a una pieza de ganado que debía ser presentada a la serpiente,
mostrando así que no se trataba de un dios sino de un animal mortal.
Cuando el rey de Etiopía vio próximo su fin, presentó a su hija Makeda
para sucederle y fue coronada Reina de Saba. Era una mujer que
destacaba en belleza y sabiduría. Makeda decidió visitar al rey de Judea
de quien su padre le había hablado. Los dos soberanos intercambiaron
regalos y mensajeros; Makeda quedó fascinada de la sabiduría de
Salomón, y éste de su belleza. Salomón quería ser el padre de uno de los
hijos de Makeda pero ésta le rechazó. Un día Salomón le hizo prometer
que si ella cogía lo que fuese de palacio sin su autorización ya no podría
oponerse a sus propósitos. Una tarde Salomón hizo servir una cena muy
salada y con especias, se retiró y se escondió en la habitación de
Makeda. Hizo poner un jarro de agua clara y un vaso cerca de la cama
de Makeda. Hacia medianoche Makeda se despertó torturada por la sed
y se sirvió un vaso de agua. Entonces el rey salió de su escondite y le
dijo: “Te he sorprendido cogiendo algo que no te pertenece sin mi permiso; 
recuerda tu promesa".
Al día siguiente, Salomón le dio un anillo
pidiéndole que se lo diese en su nombre a su hijo si tenía uno.
 Nueve meses más tarde, después de su regreso al país,
 ella tuvo un hijo. Cuando hubo crecido la reina
 le envió a casa de su padre.
 Éste le reconoció como a su hijo y completó su educación.
 Después le envió a Etiopía ofreciéndole las Tablas de la Ley donde figuraban los diez
mandamientos».



Una larga tradición oral transmitió la leyenda, mezclándola con otras
fuentes existentes desde el siglo VI como las Revelaciones del Pseudo-
Método43, hasta llegar a una versión escrita en gueze por los amhara en el
siglo XIV con el título de Kebra Nagast (La Gloria de los Reyes)44. Al
cabo de los siglos el Kebra Nagast se ha convertido en la fuente escrita
más importante sobre la leyenda, a pesar de que desconocemos su autor y
de ser un texto con una muy compleja unidad literaria.

domingo, 10 de mayo de 2015

SALOMÓN DESCUBRE EL REINO DE SABA

LA ABUBILLA DE SALOMÓN LE RELATA EL VIAJE.




Y la Abubilla Yafur fue introducida en las tiendas, en presencia del Señor
brillante sentado en su trono de esmeralda. Y ella se acercó, con la cabeza gacha,
el aire humilde, el ojo sumiso y arrastrando las alas. Pero su alegría estaba en su
pecho, y era una alegría muy grande. (…). Y la Abubilla, a una señal del Rey,
habló diciendo: «¡Oh mi Señor, mi excusa es válida!». Luego fortaleció la voz y
dijo: «Cuando llegamos a este país, observé, hacia el Sur, unos jardines
silenciosos, por la mañana, ricos de ríos de rápida corriente, de frutos y de
olores. Y su llamada era invencible, y mi alma se llenó de deseo por ellos. Y
partí volando, llena de ebriedad. Y entré en la ciudad de Saba, ciudad capital,
en medio de montañas. ¡Oh las montañas y sus pájaros!. ¡Oh voz dulce de los
rebaños!. ¡Oh jardines en los que me detuve, en el corazón de las plantas
aromáticas!. Pero, en una rama de un verde muy oscuro, me encontré con mi
hermana Anfu. Y después de las salutaciones por parte de una y otra, de los
votos y las frases, Anfu me dijo: “¿De dónde vienes, oh Yafur, feliz esclava de tu
señor? ¿Y adónde vas?”. Le dije: “Vengo, con el Rey de los horizontes, del reino
de Judea, y voy con él hacia su destino. Pero tú, oh hermana mía Anfu, ¿qué
haces en medio de estos jardines deslumbrantes de Mareb y de todos estos
pájaros cantores? Me dijo: “Soy la bienaventurada sirvienta de Balkis, de
largos ojos blancos y negros, aquella cuya cabeza es exaltada entre las realezas
de la tierra”. Dije: “Oh Anfu, yo no conozco a tu señora”. Ella dijo: “Es la
aurora sobre el país y la luz de nuestras miradas. Ven conmigo, oh hermana mía
Yafur, y no sabrás ya en qué lugar del mundo te encuentras. Ven, y tu hígado se

alegrará a la vista de Balkis.








Y de este modo podrás hablar de ella, como corresponde, a tu señor, y harás que dance su corazón”. Y yo y mi hermana
Anfu atravesamos lentamente los jardines. ¡Ah región de Saba, tierra excelente!
En ella hay fuentes, manantiales, muchos, muchos. Hay en ella higos, uvas y
limones dulces, muchos, muchos, y albaricoques de dos en dos, y melones cuya
carne tiene cuatro manos de espesor, y todos los frutos que procuran placeres y
goces lícitos, muchos, muchos. Hay en ella rosas de sensata pétalos y, en su
extremo oriental, hay incienso. Y llegamos ebrias de olores a Mareb, residencia
de Balkis, y nos dirigimos a su palacio. Y entramos en él arrebatadas. Y,
atravesando siete puertas, penetramos dulcemente en el séptimo apartamento,
que era como la violeta. Y nos posamos sin ruido y discretamente, en la sombra
de la sombra, de forma que viéramos sin ser vistas. Y vi (¡oh visión entre las
visiones!) en un trono de plata de treinta codos de altura, detrás de una gran cortina del color de los mares cuando son profundos, a la Faraona adolescente,
sola con su belleza de dieciséis años. Y era una belleza que uno no se cansaría
de mirar. (…). ¡Por ver tus dos ojos hechiceros semejantes al loto, tu rostro que
confunde a la rosa, tu boca cofre de perlas, las abejas rojas de tus labios, la
sonrisa olvidada en tu comisura, el lunar de almizcle negro, adorno de tu
mejilla, estoy lanzando estos suspiros! ¡Y por ver el hálito precioso de la vida
levantando tan dulcemente tus dos senos nacientes, adorno de tu pecho! ¡Y tu
cuerpo, milagro de candor, y tu cintura de niña, misterio de la gasa y las
sederías!. ¡Y tú misma, más armoniosa que todo un coro de danzarinas! ¡Mira
mis lágrimas y mi espíritu quemado en el Sahara de la pasión!». Y la Abubilla,
en el límite de la emoción, dejó de hablar por un instante. Y luego dijo: «Y yo, oh
mi Señor, escondida todo el tiempo, veía a Balkis, protegida de los ojos
profanadores de los hombres por la gran cortina, presente y a la vez invisible. Y
así podía impartir justicia, recibir quejas y peticiones, nombrar y destituir, y
seguir siendo la descendiente de tantos dominadores y reyes antiguos. Y así se
me apareció, oh mi Señor, esta blanca hija de la mañana. Y ésta es la imagen
que, para ti, he traído en mi pecho. Pues bien, yo estaba tan absorta mirándola
que perdí la noción del tiempo, y éste es, oh mi Señor, el motivo del retraso de
mi llegada a tus manos. Y ahora mi alegría es una alegría muy grande. Y pongo
sobre mis labios el sello del silencio». Y cuando hubo hablado de este modo, la
Abubilla, discreta, se calló.


miércoles, 29 de octubre de 2014

LA NOCHE DE TODOS LOS MUERTOS. EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS.

LA LEYENDA DE JACK Y SU LINTERNA.


 El Día de Todos Los Santos es un día festivo en el que la comunidad cristiana recuerda a todos los Santos, conocidos y desconocidos; según el Papa Urbano IV, para compensar que no haya Santo sin fiesta propia en el calendario. En los países de tradición católica, se celebra el 1 de noviembre; mientras que en la Iglesia Ortodoxa se celebra el primer domingo después de Pentecostés; aunque también la celebran las Iglesias Anglicana y Luterana.

La vigilia en la noche anterior, coincide con la celebración pagana de Samhain el 31 de octubre, ahora llamado Halloween (nombre que proviene de la frase "All hallow's Eve" o "Víspera de Todos los Santos" entre los anglosajones), que marcaba el final del año celta. El fin del verano o noviembre. En esta fecha se celebraba entre los antiguos, la apertura dimensional entre el mundo tangible y el mundo de las tinieblas.

La palabra Samhain viene probablemente del viejo idioma irlandés, ya que los irlandeses que emigraban a EE.UU. siguieron su tradición en su nuevo país. Samhain quiere decir “fin del verano”. De Summer, SAM, y da el nombre al primer mes del año celta, que se llama “Samonios” en el lenguaje celta.

Sacerdotes druidas, operando como mediadores entre los dos mundos,  se comunicaban con los antepasados muertos esperando ser guiados hacia lo imperecedero. Se creía que los “espíritus” de los ancestros venían en esta fecha a visitar sus antiguos hogares y de ellos se podían conseguir consejos y ayuda. Por eso, adornaban las casas con flores, hojas de roble secas y  salvia. Pero sabían también que podrían visitar las casas los espíritus perdidos, y a éstos los ahuyentaban con máscaras y figuras siniestras.

La fiesta irlandesa en los Estados Unidos, en el siglo XIX, se mezcla con otras creencias indias. En esta secuela colonial, nace Halloween que incluye entre sus tradiciones, la conocida leyenda de Jack el irlandés. Sólo quedaba bautizar a la calabaza como “El candil de Jack”, es decir, “Jack el que vive en la lámpara” o, como se conoce actualmente, “Jack O’Lantern”.



En una lejana noche de Brujas, un pendenciero irlandés con fama de borracho, llamado Jack,  tuvo la mala fortuna de encontrarse con el diablo en una taberna. A pesar del alcohol ingerido, Jack pudo engañar al diablo ofreciéndole su alma a cambio de un último trago.No tenía dinero y se lo pidió al diablo, que se convirtió en moneda para pagarle al tabernero.
Jack, tomó rápidamente la moneda y la puso en su bolsillo, junto a una cruz, así que el diablo se quedó encerrado en la moneda y no se pudo transformar en su estado original . Jack no lo dejaría escapar hasta que le prometiera no pedirle su alma en diez años. El diablo no tuvo más remedio que concederle su reclamación.
Pasado el plazo de los diez años, Jack se reunió con el diablo en el campo. El diablo iba preparado para llevarse su alma pero Jack pensó muy rápido y dijo:
Iré de buena gana, pero antes de hacerlo, ¿me traerías la manzana que está en ese árbol por favor?
El diablo pensó que no tenía nada que perder, y de un salto llegó a la copa del árbol, pero antes que se diese cuenta, Jack rápidamente había tallado una cruz en el tronco. Entonces el diablo no pudo bajar y él le obligó a prometer que jamás le pediría su alma nuevamente.
Cuando Jack murió unos años más tarde,  no pudo entrar ni al cielo ni al infierno.
¿A dónde iré ahora? Preguntó Jack, y el diablo le contestó: Vuelve por donde viniste.



El camino de regreso era muy oscuro y el terrible viento no le dejaba ver nada. El diablo le lanzó a Jack  un carbón encendido del infierno, para que se guiara en la oscuridad, pero necesitaba algo para poder llevar el carbón sin quemarse las manos, entonces, Jack lo puso dentro de una calabaza que le servía como linterna.


Ahora, en las tradiciones viajamos hacia el Sur, y citaremos las de Centro América

,  en México.


 Cempachutli. “ Veinte flores”.

Xóchitl y Huitzilin se amaban desde que eran niños, juntos crecieron y con su amor, todas las tardes subían a lo alto de la montaña a llevarle flores a Tonatiuh, el padre sol, él parecía sonreír ante la ofrenda de los enamorados, y ellos juraron amarse más allá del tiempo, más allá de la distancia, más allá de la muerte.
Pero un día llegó la guerra y los amantes se separaron, pronto llegaron las noticias de que Huitzilin había muerto en la guerra, Xóchitl sintió que su corazón se desgarraba de dolor, subió a la montaña y le pidió a Tonatiuh, el padre sol, que la uniera por siempre con su amor, el sol conmovido extendió uno de sus rayos y al tocar a la joven la convirtió en una flor, de colores tan intensos como los mismos rayos del sol.
Luego llegó Huitzilin, en forma de un colibrí, y amoroso se posó en el centro de la flor, y al instante la flor se abrió en 20 pétalos, de aroma intenso y misterioso...Dicen que así nació la flor de Cempaxúchitl.
Ya se mencionaba en el Códice Florentino, del siglo XVI donde se indica su uso en rituales y también sus usos medicinales para afecciones oculares, malestares estomacales y enfermedades respiratorias. Otros historiadores, como Vicente Cervantes o Francisco Flores, también mencionan sus bondades relacionadas con el aparato digestivo, urinario e incluso para cicatrizar heridas, entre otros usos más.





domingo, 26 de octubre de 2014

CONSTELACIÓN CORONA AUSTRAL

LA CORONA DEL HEMISFERIO SUR





Esta Constelación figuraba entre las 48 constelaciones de Ptolomeo, en el siglo II, también llamada Guirnalda del Sur o " La Corona del Centauro", por su proximidad a Sagitario.
Los árabes la llamaban AL KUBBAH, o la Tortuga. Los chinos también ven una tortuga, "Pee".
Esta Constelación está pegada a la Constelación de Sagitario y casi forma parte de ella.
Se encuentra en la orilla de la Vía Láctea y ocupa una extensión de 128º cuadrados.
El 16 de marzo se desprende de ella una lluvia de estrellas. Entre los objetos de su Cielo Profundo, destaca la Nebulosa Corona Australis, una nebulosa de reflexión con cúmulos de jóvenes estrellas.


Respecto a la composición de la corona, en la Mitología Griega, se le atribuye al laurel y ligado a la leyenda de Apolo y Dafne. Una corona de laurel es una banda circular hecha de ramas y hojas de este árbol. Apolo  lleva en la cabeza una corona fabricada con sus hojas en honor a su primer y gran amor que fue Dafne.

En griego se le denomina dhafni porque está asociado con la diosa Daphne. Mientras que en la antigua Grecia se otorgaban coronas de laurel a los vencedores de las Olimpiadas, los certámenes poéticos y de las conquistas militares, por lo que suele considerarse como símbolo de la Victoria. La expresión “poeta laureado” tiene su origen en esta antigua práctica griega.

Apolo se burló de Eros, por lo pequeñito y juguetón que era. Le dijo que iba por ahí haciendo el ridículo y que él era el mejor con el tiro al arco, ya que podía matar a monstruos enormes.
 
Eros, voló a los cielos y desde allí, le disparó una flecha de oro a Apolo y otra de plomo a Dafne; así obtuvo el rechazo a su amor por parte de Dafne. Apolo la perseguía constantemente y en el momento en que consiguió atraparla, ella se fue convirtiendo poco a poco en el árbol del laurel, echando raíces en la tierra y transformando su entorno evitando cualquier intento de aproximación.


Apolo, desde entonces, llevaba una corona de laurel.


Otros dicen que esta Corona está compuesta de hojas de mirto. Según Ibn Wafid, las hojas de mirto frescas, machacadas y puestas a macerar en aceite de oliva durante tres semanas al sol, impiden la caída del cabello. No sólo provoca el amor sino que lo conserva.



Otros, ven en ella la rueda de Ixión, "Rota Ixionis". Ixión, mató a su suegro en una fiesta a la que él le invitó arrojándolo a un foso de carbones ardiendo y por romper las leyes sagradas de la Hospitalidad, fue rechazado por todos. Zeus se apiadó de él y lo perdonó, pero intentó seducir a Hera, convertida en nube. Zeus lo envió al Tártaro y fue atado a una rueda de fuego como castigo para toda la eternidad. De esta unión con la falsa Hera, que en realidad era Néfele, nació Centauro y de su unión con las yeguas magnesias, nació la raza de los hombres caballos.


lunes, 20 de octubre de 2014

EL DIOS ZEUS, JÚPITER PARA LOS ROMANOS.

EL DIOS DE LOS HOMBRES Y DE LOS DIOSES




El titán Cronos era hijo de Urano, dios del cielo, y de Gea, diosa de la tierra. Urano reinaba en el mundo y fue cruel con su esposa, sus hijos, los titanes, los hecatónquiros (100 gigantes armados) y los cíclopes. A éstos los mantuvo prisioneros en el cuerpo de su madre, encerrados en lo más profundo de la tierra para que no viesen la luz. Gea sufrió dolores terribles como consecuencia de esto. Con la ayuda de una hoz que le había dado su madre, Cronos castró a su padre y se hizo con el control del Universo. Se casó con su hermana Rea y pronto se convirtió en un tirano como su padre. Volvió a encerrar a los cíclopes y devoró a sus propios hijos al nacer, ya que le habían anunciado que uno de ellos le destronaría. Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón sufrieron este martirio; eran hermanos de Zeus.

Cuando Rea volvió a estar encinta pidió ayuda. Gea y Urano, que le revelaron el secreto de los Destinos y le enseñaron como burlar a Cronos. Cuando el niño nace, Gea lo esconde en una caverna, al mismo tiempo que a Cronos le era entregada una piedra envuelta en mantillas, a la que devoró sin notar la diferencia.
Zeus llegó a la madurez, obligó a Cronos a vomitar a sus hijos, que estaban deseando vengarse de su padre. Los titanes, al ser liberados por Zeus del Tártaro, le dieron el rayo, el trueno y el relámpago, armas con las que destronó a su padre.
Zeus venció en la batalla contra Cronos y desde entonces, gobernó el cielo, y sus hermanos Poseidón y Hades recibieron el poder sobre el mar y el submundo.

Zeus codiciaba a la Titánide Metis, quien adoptó muchas formas para eludirlo, hasta que por fin la atrapó y la dejó encinta. Un oráculo de la madre Tierra declaró entonces que daría a luz a una niña y que, si Metis volvía a concebir, pariría un varón que estaba destinado a destronar a Zeus, como Zeus había destronado a Crono y Crono había destronado a Urano. En consecuencia, habiendo instado a Metis con palabras melosas, a que se acostara sobre un lecho, Zeus abrió la boca y se la tragó; este fue el fin de Metis, aunque él pretendía luego que ella le aconsejara desde dentro de su vientre.



Cuando transcurrió el tiempo debido, Zeus sintió un furioso dolor de cabeza al dirigirse a las orillas del lago Tritón, hasta el extremo de que parecía que le iba a estallar el cráneo, y lanzaba tales gritos de ira que todo el firmamento resonaba con su eco. Entonces Hermes acudió en su ayuda y llamó a Hefestos para que abriese una brecha en el cráneo de Zeus; de esta brecha salió Atenea, armada completamente y dando un potente grito.
Metis era la Titánide del cuarto día y del planeta Mercurio, quien gobernaba toda la sabiduría y conocimientos. Al devorar a Metis, se atribuyó toda la sabiduría a Zeus y desde entonces, se instaura el señorío supremo patriarcal de Zeus.
Zeus era el más prominente de los dioses del Olimpo; todos los demás estaban forzados a someterse a su voluntad. Zeus es quien abre el camino de la razón y les enseña que el verdadero conocimiento sólo es obtenido mediante el dolor. Zeus no puede intervenir en las decisiones personales, cada cual debe de vivir  en su soledad su propia experiencia personal, y él se limita exclusivamente a premiar los esfuerzos sinceros y a castigar las impiedades.

En la obra del poeta griego Homero, Zeus sale representado de dos maneras diferentes: dios de la justicia y de la clemencia, y responsable del castigo a la maldad. 
La civilización griega se fue configurando hacia el año 2000 A.C. y se desarrolló plenamente en el año 700 A.C. Durante esas fechas aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: La Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliada y la Odisea del poeta Homero.




En la mitología griega los dioses se parecen físicamente a los seres humanos y también tienen sentimientos humanos. La mitología griega no incluye revelaciones especiales ni enseñanzas espirituales, como se ha dado el caso en otras religiones.
Ahora, nos deleitamos con unos versos de Homero, sobre Zeus.
" Él, cuyos ojos omnipresentes contemplan el mundo; Él, eterno atronador se siente, entronado en oro; Él, hace el alto cielo del banquillo de sus pies y por debajo de él todo el Olimpo tiembla".

 “Ordenó Zeus a Temis que por las cimas todas del Olimpo fuese convocando a los dioses al Ágora, y voló ella de un lado para otro, intimándoles a acudir a la morada de Zeus. Y no hubo de faltar , excepto Océano, ningún río ni ninguna de las ninfas que habitaban en los amenos bosques, en las fuentes de los ríos y en los prados herbosos. Llegados que fueron a la morada de Zeus, que amontona las nubes, todos los dioses se sentaron bajo los pórticos brillantes que para el padre Zeus había construido Hefesto. Hasta el mismo Poseidón, al oír a la diosa, acudió desde el mar; y se sentó en medio de ellos, e interrogó a Zeus acerca de lo que pensaba: ¿ Por qué, ¡señor del brillante rayo!. Al ágora convocas nuevamente a los dioses?”

“ El padre de los hombres y de los dioses tronó con fuerza en las alturas; y Poseidón conmovió la tierra inmensa y las cimas de las montañas; temblaron las raíces del Ida, de numerosos manantiales y el subterráneo rey de los muertos se estremeció y salió espantado de su trono; y gritó, temeroso de que Poseidón, el que conmueve la tierra, se rasgase y se mostraran a mortales e Inmortales las moradas repulsivas e infectas que producen horror hasta a los mismos dioses: tan terrible y espantoso fue el encuentro de los dioses”.
“ Cuando Zeus quiere, aumenta o disminuye la virtud humana, porque para eso es el más poderoso”.
“ Rápido es el lenguaje humano y abunda en discursos que se multiplican por una y otra parte”. 
“ Deja de hablar, por tanto, y probemos ambos nuestras lanzas de bronce”.




Luego, se casó con su hermana Hera y ésta era muy celosa, pero Zeus en el amor era insaciable. Hera fue la esposa legítima de Zeus y la diosa más importante de todas las diosas. A ella la conquistó porque se disfrazó de cuco enlodado y al verlo tan desvalido lo calentó junto a su pecho; así la consiguió. Cuentan que la noche de bodas de la ceremonia de la boda duró trescientos años.
Zeus, perpetuando la especie, se dejó arrastrar por sus pasiones y mantuvo relaciones con mortales, inmortales, del género femenino y también masculino El número de sus hijos fue inmenso, de ahí que todos los griegos pueden descender de él.
Una de las obras de Fidias es el Zeus en el Templo de Olympia, desaparecido. Dicen que medía doce metros y casi rozaba el techo. Era una de las siete maravillas del mundo antiguo. Zeus estaba sentado en su trono y portaba en su mano izquierda un cetro y en la derecha sostenía a Victoria.




Tan solo los Hados, las Parcas o el Destino se atrevieron a contradecir su voluntad y continuaron imponiendo sus irrevocables decretos. Como asistente especial, Zeus tenía a Victoria, o Niza. Ella estaba siempre dispuesta a obedecer sus órdenes y siempre estaba a su lado. Decían que su amor hacia él era tal que sostenía una imagen suya en la mano. Fama, la diosa de las cien lenguas, proclamaba con su trompeta todo lo que él deseaba, sin cuestionarle absolutamente nada. La diosa Fortuna también le acompañaba balanceándose en una rueda que estaba en continuo movimiento.