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domingo, 10 de agosto de 2014

EL JABALÍ DE ERIMANTO, UNO DE LOS TRABAJOS DE HÉRCULES.

EL TRABAJO DEL EQUILIBRIO, EL DE LIBRA.





El séptimo trabajo de Hércules, según Alice Bailey, en " Los 12 Trabajos de Hércules", consistía en capturar vivo al Jabalí de Erimanto, animal feroz y enorme que frecuentaba las laderas cubiertas de cipreses del monte Erimanto en Arcadia. El monte Erimanto se llama así por un hijo de Apolo al que había cegado Afrodita porque la había visto bañarse desnuda; dicen que Apolo se vengó transformándose en jabalí y mató a Adonis, el amante de Afrodita.

"Hércules,desarmado, excepto por su fuerte clava, trepó el acantilado de la montaña, buscando al jabalí, y viendo, a cada lado, visiones de miedo y terror. Subió aún más y más alto. Y entonces se encontró con un amigo. En el camino se encontró con Folos, uno de un grupo de centauros, conocido de los dioses. Se detuvieron y hablaron, y por un momento Hércules olvidó el objeto de su búsqueda. Y Folos llamó a Hércules, invitándolo a abrir un tonel de vino, que no era suyo, ni tampoco pertenecía a Folo. Este gran barril, pertenecía al grupo de centauros; y de los dioses, que los habían beneficiado con el tonel, había venido la orden de que nunca debía ser abierto, salvo cuando los centauros se encon¬traran y estuvieran todos presentes. El tonel pertenecía al grupo.

Pero Hércules y Folo lo abrieron en ausencia de sus hermanos, llamando a Quirón, otro centauro sabio, para que fuera y compartiera su jarana. Este así lo hizo y los tres bebieron juntos, y se deleitaron y embriagaron e hicieron mucho bullicio. Esta gritería fue oída por los otros centauros desde lugares distantes.
Ellos acudieron encolerizados, y una feroz batalla tuvo entonces lugar y a pesar de las sabias resoluciones, nuevamente el hijo del hombre, que era un hijo de Dios, se transformó en el mensajero de la muerte y mató a sus amigos, los dos centauros con los cuales antes había bebido. Y, mientras los otros centauros se afligían con fuertes lamentaciones, Hércules escapó otra vez a las altas montañas, y nuevamente reanudó su búsqueda.
Llegó hasta los límites de la nieve, siguiendo las huellas del feroz jabalí; lo siguió hasta las alturas y el áspero frío, y sin embargo no lo vio. La noche se fue acercando, una a una las estrellas salieron, y aún el jabalí se le distanciaba, y buscó dentro de sí mismo alguna maña sutil. Colocó una trampa con habilidad, y sabiamente oculta. Entonces esperó en una sombra oscura la llegada del jabalí. Las horas pasaron, y él aún esperó hasta que se acercó el alba. El jabalí salió de su guarida, buscando comida, impulsado por un hambre de días. En las sombras, cerca de la trampa, esperaba el hijo del hombre. El jabalí cayó dentro de la trampa y a su debido tiempo Hércules soltó a la bestia salvaje, haciéndola prisionera de su habilidad. Luchó con el jabalí y lo dominó y obligó a hacer lo que él decía, o ir por el camino que él deseaba.
Desde la cima nevada de la alta montaña bajó Hércules, gozoso en el camino, conduciendo por la senda que bajaba, al feroz pero domesticado jabalí. Por las patas traseras, conducía al jabalí, y todos en la montaña reían al ver la escena. Y los que encontraban al hijo del hombre, que es el hijo de Dios, cantando y bailando en el camino, reían también al ver la marcha de los dos. Y todos en la ciudad reían al ver la misma escena; al tambaleante, cansado jabalí y al hombre que reía y cantaba.
Así ejecutó Hércules su séptimo trabajo y regresó hacia el Maestro de su vida.


Libra nos presenta muchas paradojas, y marcados extremos, dependiendo de si uno está en la vuelta del zodíaco en sentido de las agujas del reloj, o en la trayectoria inversa, la del discípulo que ha vuelto conscientemente, al sendero evolutivo, al camino de regreso al hogar. Se dice que es uno de los signos más difíciles de comprender. Es el primer signo que no tiene ni símbolo humano ni símbolo animal, excepto que sosteniendo la balanza está la figura de la justicia –una mujer cegada— cegada tal vez para la objetiva visión exterior, que la visión intuitiva interior debe adivinar dónde está la justicia.

En este punto empezamos a ver por qué, en este tranquilo signo, nos encontramos con los problemas del sexo y el dinero, ambos buenos servidores y malos maestros, según el uso que se haga de ellos. El sexo es un sacramento, una compensación del hombre y la mujer, para la producción de las formas, para la continuación de la vida evolutiva. El dinero es un medio de trueque, de compartir a distancia. Si es amado y retenido sólo por sí mismo, es el oro del avaro, y si no, el oro del amante, entregado corazón.
Y en este imponente signo de equilibrio, justicia y ley, encontramos que la prueba termina en un estallido de risa, el único trabajo que la provoca. Desde la montaña venía Hércules, haciendo rodar al jabalí como si fuera una carretilla, cantando y riendo, y todos los espectadores reían con él. ¡Cuán encantador!; y esto a pesar del hecho de que nuevamente Hércules cometió un lamentable error. El Maestro le había dicho que "tomara tiempo para alimentarse", pero Hércules tomó tiempo para una orgía de borrachos con dos sabios, viejos amigos, centauros. Y tomen nota de que ellos abrieron el tonel de vino que debía ser abierto sólo por y para el grupo. Todo un sermón podría ser predicado sobre este punto y también sobre el hecho de que, mientras Hércules tomaba precaución para no matar al jabalí, terminó matando a dos amigos. Así aparece la tentación detrás, cuando pensamos que hemos despejado de trampas el sendero que hay ante nosotros. Pero entonces el sabio Maestro, cuando evaluaba el trabajo, pasó ligera¬mente sobre el alboroto al que todos habían contribuido, diciendo tan sólo, "Reflexiona sobre las lecciones del pasado" (contribución de Libra). "Dos veces has matado lo que deberías amar. Aprende el por qué"


Hércules no usa la fuerza bruta para capturar al jabalí. Coloca una trampa, espera y permite que la bestia caiga por sí sola en la trampa. Cuando el jabalí tropieza y cae en los ventisqueros, Hércules aprovecha su oportunidad. Es curiosamente libriano el evitar un encuentro directo, y no gastar más fuerza que la necesaria. Él busca lograr sus fines suavemente, no forzadamente.
Se nos dice que Hércules toma las patas traseras del jabalí, y obliga a la bestia a bajar por la ladera de la montaña en sus patas delanteras, y que este espectáculo provoca la risa de todos los que observan eso. En este incidente observamos la habilidad del libriano para encontrar soluciones inusitadas, y para percibir el valor de lo incongruente.
El libriano se maneja pesando y equilibrando todas las cosas. Esta actitud lo hace aparecer frecuentemente fluctuante e indeciso. Sabiendo que hay innumerables gradaciones entre el negro y el blanco, él es raramente propen¬so a ser un extremista. Sabe que aquellos que son mirados como pilares de la sociedad pueden ser fariseos; y los modestos y humildes, la sal de la tierra; que aquéllos que declaran su excelencia más vehementemente pueden ser los menos meritorios; que el sabio de palabra puede actuar como los necios; los necios pueden encontrarse con tesoros; que los juicios del mundo pueden ser revocados por una corte superior; que la verdad puede manifestarse sobre la tierra de muchas inverosímiles maneras."

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